Aunque supervisa los protocolos, visita los centros de salud y mantiene una actividad incesante, Daniel Gollán, ministro de Salud de la Provincia de Buenos Aires, confiesa que empieza a sentirse más tranquilo: considera superado el problema de los insumos de protección personal y, con un excedente de más de mil camas afirma que están en condiciones de atender un aumento de casos de Covid-19 en la segunda quincena de mayo o principios de junio, cuando se vaya relajando el aislamiento. Si bien el viceministro Nicolás Kreplak sostuvo en una entrevista radial que desde el punto de vista sanitario habría que mantener la cuarentena hasta fines del invierno, Gollán reconoce que no se puede prolongar en forma indefinida. “La cuarentena nos permitió ganar tiempo para prepararnos, pero hay que ir pensando en un aumento de la circulación de la gente, porque si no nos va a matar el hambre antes que el virus. Hay personas que ya tienen mucha necesidad de salir a trabajar”, afirma.

“Nos estamos preparando, evaluando cómo van a ser los próximos meses, porque va a haber que ir aflojando las restricciones para que aumente la actividad productiva -dice Gollán-. Estamos estudiando el diseño de los protocolos para cada actividad, para cada municipio, los cuidados que habrá que tener a medida que se vayan permitiendo nuevas tareas”.

-En general, se habla de “aislamiento administrado”, pero en los últimos días usted está utilizando el giro “contagio administrado”. ¿Hay diferencias entre uno y otro?

-Cuando empezó esto, había dos posiciones. Una que planteaba la cuarentena extrema, que fue una decisión acertadísima hacerla rápido, antes de que el virus se esparciera, para que no nos pasara lo de Europa, que entraron en cuarentena pero se lo llevaron a la casa porque ya habían estado en eventos multitudinarios. Acá eso se evitó. Después, el otro extremo planteaba que había que dejar que el virus generara inmunidad de rebaño. Así sobrevino el desastre de Nueva York y de otros lugares que decidieron implementar esa estrategia. Lo que yo digo es: ganamos un tiempo muy importante, que nos permitió conocer lo que se estaba haciendo afuera y construir conocimiento local. Tenemos que saber dónde estamos y en qué condiciones podemos ir racionalmente abriendo compuertas, con la posibilidad de volver a cerrarlas, si fuera necesario. Tenemos que ir logrando que no todos nos contagiemos juntos, cuidando a los más vulnerables.

-¿Cómo se puede salir de la cuarentena?

-Las simulaciones que tenemos están fundamentadas en algunas variables que son manejables y otras que no lo son, por eso el nivel de certeza de los modelos es relativo. Sobre la base de ese conocimiento científico, vamos a tener que ir avanzando un poco por prueba y error. Del 6 al 20 de marzo, los casos aumentaban un 27,14% por día; ahora lo hacen un 4,50%. Hoy (por ayer) tuvimos una buena noticia: que [los tests que daban positivos en personas recuperadas] son partículas del virus leídas como positivas, pero que se descarta que puedan producir reinfección. Si el 90 o 94% de las personas que adquieren el SARS-CoV-2 quedan inmunizadas, después tenemos que ver cuánto dura la inmunidad, si son meses, años. Con estas variables, estamos previendo un pico, que esperamos que no sea alto, recién para la segunda quincena de mayo o para junio. Pero ahora tenemos el respaldo de una infraestructura hospitalaria muy grande. Y si los casos leves se pueden ir liberando en ocho o diez días, con los dispositivos de internación masiva para casos leves, uno tiene un panorama diferente de cómo se puede manejar esa curva.

-¿O sea que ustedes esperan un número importante de casos? ¿Ven imposible que la epidemia pase sin que nos contagiemos?

-En estos días aparecieron personajes muy renombrados diciendo que el virus se va a autolimitar, pero con el conocimiento que tenemos hoy, no parece ser una hipótesis factible. La enorme mayoría del sector científico, lejos, dice que el virus vino para quedarse. Nosotros estamos trabajando con esa idea. El pensamiento mágico no es muy aconsejable.

-¿El foco del brote se está desplazando hacia el Conurbano?

-Es obvio que el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) es la que va a sufrir el mayor impacto, y dentro de ella ni siquiera los que hoy son los lugares de mayor circulación, donde viven las personas de clase media que vinieron de viaje. En nuestras modelizaciones, cuando les agregamos tres o cuatro variables de factores de riesgo (necesidades básicas insatisfechas, circulación previa, capacidad de respuesta sanitaria) nos da que los lugares con más riesgo serían la zona oeste y sur, fundamentalmente Merlo, Moreno, La Matanza, Florencio Varela, Almirante Brown. Sobre esta base, vamos viendo cómo serían las aperturas que implican mayor movimiento de gente en esos sitios. Hay otros 55 municipios que no tienen circulación, pero eso no quiere decir que no la van a tener. Está la idea de que no teniendo ningún caso te va bien, y no es así. Hay que administrar la apertura para no saturar el sistema sanitario cuidando a los grupos vulnerables lo más posible, pero hay que ir pensando en un aumento de la circulación de la gente y del trabajo porque si no nos va a matar el hambre antes que el virus. Hay gente que ya tiene mucha necesidad de salir a trabajar.

-¿Qué opina de las “burbujas sociales” que están analizando algunos países? ¿Se podría abrir la comunicación entre distintas zonas de la provincia que estén en una situación epidemiológica similar?

-Sí, los modelos computacionales que desarrollamos, que incluso están subidos ya a un sistema informático y nos permiten ver los desplazamientos de la gente, ya nos van diciendo “de tal lugar a tal lugar no conviene que haya tal línea de colectivo”, por ejemplo. En el interior de la Provincia se pueden abrir canales de comunicación entre municipios que no tienen ningún caso activo. Pero esos municipios también tienen que saber que eso no quiere decir que van a vivir toda la vida sin casos. Por ahí, tienen suerte y pueden aguantar meses, y después aparece una vacuna, ¡pero se les va a fundir el pueblo! Con estos modelos, estamos imaginando el traslado de personas entre lugares, tomando por supuesto todas las precauciones de distancia, tapabocas, lavado de manos. Lo estamos haciendo con un grupo de matemáticos, científicos de la computación y epidemiólogos del Conicet. Es maravilloso ver lo que es la ciencia argentina. A mí me emociona verlos trabajar, una calidad, una consistencia, una solidez que da orgullo…

-Hubo médicos que alertaron sobre la falta de condiciones adecuadas para protegerse. ¿Eso ya está resuelto?

-Los insumos eran nuestro gran problema, pero ahora están llegando diariamente o cada dos días, tenemos depósitos llenos y estamos distribuyendo. Fue una gran preocupación, porque no nos entregaban más del 25% de las órdenes de compra que teníamos ya consolidadas. Nuestros hospitales provinciales están con un stock de equipos de protección personal de calidad: mamelucos, kits con camisolín, cofia, tapabocas, cubrebotas, antiparras especiales. Los equipos de protección personal están fluyendo y ahora estamos empezando a hacer una distribución también para contribuir con los hospitales municipales que tienen el problema de que nadie les cotiza, porque no hay. Los proveedores nacionales no tienen la tela que va en el interior de los barbijos. Los N95 ni hablar. Nosotros pedimos dos tandas de 150.000 N95 cada una. Y de los quirúrgicos hemos traído más de dos millones. Tenemos un depósito en Shangai, cerca del aeropuerto de Pudong, repleto de equipos de protección. La semana próxima empiezan a llegar también respiradores en los aviones. En fin, fue difícil porque hacer todo esto a la distancia, con empresas certificadas, con productos certificados por la comunidad europea, la FDA, controlando con el consulado que lo que uno compraba a la distancia fuera realmente lo que decían los certificados, subirlo al avión, hacer los cálculos por paquete, por tamaño, porque una cosa es la bodega, otra, los asientos o los maleteros. Se pudo hacer y ya está todo automatizado. Ese fue un gran alivio.

-¿Mantiene su idea de contratar médicos de otros países; por ejemplo, cubanos?

-Depende de cómo se presente la situación. Según nuestras previsiones, con un escenario más bien benigno nos estarían faltando en el pico de la curva, de 400 a 600 profesionales. Estamos poniendo a punto a todos los residentes, capacitándolos, citando a los médicos que residan en el país, pero les falta convalidar el título. A algo más de 300 venezolanos les faltaba terminar su trámite en el Ministerio de Educación, les estamos ofreciendo los servicios para apurar todos esos trámites. Estamos convocando voluntariado. Yo tengo un Plan A, un Plan B, un Plan C. Si son suficientes los médicos de acá y no hace falta traer a nadie, bárbaro. Pero si sobreviene un estado de catástrofe, hasta intendentes radicales me piden médicos de cualquier país. Estamos hablando de una crisis: si necesito a alguien que esté al lado de un paciente y no lo tengo, yo voy a apelar a cualquier ayuda, de Estados Unidos, de Alemania o de donde sea. Cualquiera que venga será bienvenido. Para mí, no debería ser un tema de discusión. Obviamente, si llegara a concretarse va a tener que estar constatado que es médico, que tiene todos sus estudios. Eso lo hace Cancillería. Hoy por hoy es una hipótesis, porque tenemos los servicios ociosos, sería ridículo traer a gente de afuera si no nos hace falta. Pero tampoco que nos pase lo de Italia, que vengan cuando ya todo está incendiado.

-¿Qué le dice el hecho de que en una villa, en horas, los casos pasaran de dos a 57?

-Es en los lugares más vulnerables donde se puede acelerar la transmisión. De todas maneras, estoy en contacto permanente con Fernán Quirós. Ellos están haciendo un trabajo muy bueno, estamos trabajando en tándem con él y con Nación. No nos tenemos que asustar, cuando un brote está focalizado lo podemos manejar bien. Nos hemos preparado y creo que podemos sobrellevar la situación con estandares bastante buenos. Éste es un virus al que todavía no le encontramos la vuelta, pero creo que nos hemos preparado bien. La cuarentena dura nos dio un tiempo de oro. No hay que relajarse; en todo caso, ajustar las clavijas en los grupos vulnerables. Siento como que hay un efecto de cansancio y si se dan señales de relajamiento muy rápido, puede haber una desbandada. Conviene ir con pie de plomo. Algunas cosas se van a ir habilitando a medida que vaya transcurriendo el tiempo. Pero los espectáculos masivos, los boliches, las canchas de fútbol, por ahora, no.

https://www.lanacion.com.ar/ciencia/coronavirus-en-la-argentina-daniel-gollan-hay-gente-que-ya-tiene-mucha-necesidad-de-salir-a-trabajar-nid2360632

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